He llegado a este artículo por uno de esos caminos enredados que suelo transitar y los cuales muchas veces ni yo misma sé por qué aparecen frente a mí. Hace unos días leo el valiente testimonio de una persona que, a pesar de las dificultades que le puede haber presentado la vida, no se ha dejado amedrentar y continúa con paso firme venciendo obstáculos y disfrutando de lo bueno que se encuentra por el camino.
Llegando al punto final de su escrito lo primero que se me vino a la mente fue una frase que mi papá usaba con frecuencia y que le ha dado título al texto de hoy. “Pa´lante y sin tembladera” nos decía cada vez que alguna dificultad quería interponerse. Generalmente, lo recuerdo usando la frase en situaciones “físicas” por buscarle un adjetivo a los momentos en que surgía. Por ejemplo, navegábamos en medio de una marejada terrible, lo cual era común, y necesitaba que hiciéramos algo en la lancha. Claro, inicialmente, supongo yo, que poníamos cara de susto ante lo cual, él como general del ejército, dando el comando de ataque nos animaba con su “pa´lante y sin tembladera”. Solo le faltaba el gesto de levantar el brazo y girarlo hacia adelante.
Decía lo mismo cuando le quería enseñar a esquiar en el lago Madden a 30 adolescentes, o cuando nos repasaba la matemática de algún examen que teníamos al día siguiente. Así vivíamos, en un “pa´lante y sin tembladera” y supongo que esa actitud de “tú puedes” generó en nosotros la seguridad de que éramos capaces de completar cualquier tarea siempre que superáramos el miedo inicial y le pusiéramos suficiente empeño. Porque lo cierto es que muchísimas veces no lográbamos el éxito al primer intento.
Volviendo al testimonio mencionado al inicio, como me hizo recordar la célebre frase anoté el tema en mi lista de artículos por escribir. Sin embargo, ya sentada frente a mi computadora me asaltó la duda de si ya había tratado el tema en alguna ocasión anterior porque me parecía muy extraño que algo tan común en mi familia se me hubiera quedado por fuera. Me fui a revisar archivos y no encontré nada así es que me tiré al agua.
Por supuesto, que esa frase no es original de mi papá ni mucho menos, muchos la usan para el mismo propósito que la usaba él y seguramente, a cada uno le llegó de distinta procedencia. Sin embargo, me atrevería a apostar que a muchos ha salvado del pánico escénico que nos congela frente a una situación nueva, distinta y/o difícil. Además, es un dicho sabrosísimo, delicioso como el arroz con pollo y aplicable a gran variedad de eventos.
Frente a esta pantalla caigo en cuenta de que mis nietos jamás me han escuchado dar la susodicha orden y va siendo hora de que se vayan familiarizando con ella, sobre todo porque cada uno a su manera practica alguna disciplina competitiva o artística. Ya hice la nota mental de que, de ahora en adelante, cuando está con ellos todo será “pa´lante y sin tembladera”.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.
* Suscríbete aquí al newsletter de tu revista Ellas y recíbelo todos los viernes.